Saltar al contenido
Cocina vs HostCocina vs Host
← Todos los episodios
EP. 13

Los famosos choripanes de Wendy Landa: ¿de verdad los hacía?

Wendy Landa vuelve al choripán que le costó una funa, y esta vez lo hace ella. Masa de hojaldre, salchicha de pollo, chimichurri de última hora y la aclaración que nadie escuchó bien.

Invitado
Wendy Landa

Creadora de contenido y emprendedora

En el menú
Choripán y pastel de chorizo

Dificultad: fácil, y ese es justamente el punto

El reto
Hacer por primera vez el choripán que vendía comprado, y encima distinguirlo del pastel de chorizo. Una hora para los dos.
Ver EP. 13 — Los famosos choripanes de Wendy Landa: ¿de verdad los hacía? en YouTube
Ver en YouTube ↗
  • #choripán
  • #pastel de chorizo
  • #chimichurri
  • #masa de hojaldre
  • #emprendimiento

De qué va el capítulo

El chiste se escribe solo y la producción lo sabe: traer a Wendy Landa a cocinar choripanes. Ella entra sabiendo exactamente a qué viene, y lo primero que hace es poner el tema sobre la mesa antes de que se lo pongan a ella. Sí, los compraba. Los compraba en 35 centavos y los revendía, en 2016, en el colegio. Su reclamo no es que la historia sea falsa, es que nadie la escuchó completa: "la gente nunca escuchó bien mi video". La receta es la suya, y ahí está la trampa. Lo que ella vendía —masa de hojaldre envuelta en una tira de salchicha— técnicamente no es un choripán: es un pastel de chorizo. Así que el capítulo se convierte en dos platos en una hora: los de ella, en dos versiones (el que le gustaría comer, con la salchicha entera, y el de 35 centavos, con la salchicha cortada en cuatro), y un choripán de verdad, con pan, chorizo y un chimichurri que hay que hacer desde cero. Es la primera vez en su vida que los hace. "Nunca he hecho panes en mi vida, ahorita que me están jodiendo." Y salen. Con una conclusión que ella misma entrega sin que nadie se la pida: no hay mucha ciencia. Lo único que marcó la diferencia fue el huevo. Entre horneada y horneada sale todo lo demás. Que aprendió a cocinar sentada al lado de su mamá sin tocar nada; que odia lavar platos y por eso no cocina; que su plato estrella es pasta con pollo al vino; que al pollo lo aliña con limón. Que estudió maquillaje profesional, lifting de pestañas y laminado de cejas, y que lo dejó cuando empezó a ganar dinero de otra manera. Y las historias largas: los $4.000 que tenía ahorrados para una cirugía y que terminaron pagando el carro que chocó —contra el auto de su propio dentista, que acabó regalándole la mitad del diseño de sonrisa—; la manga gástrica; la Coca-Cola original que nadie le sirve nunca porque es flaquita; y la salida del concierto de Arcángel donde una desconocida la insultó, y ella se quedó callada por una sola razón: "no aguantas una funa más". Lo que sí le dolió de todo el asunto, y lo dice sin adornos, no fueron las bromas. Fue que todo lo que consiguió sola se leyera como si hubiera sido fácil.

La invitada que sabe a qué viene

Wendy Landa entra al set y no hay que explicarle nada. La producción la trajo para que cocine choripanes y ella lo sabe desde antes de cruzar la puerta. Lo primero que le preguntan es si está nerviosa —“un poquito”—, y lo segundo, si sabe cocinar. Ahí no duda: “cocino riquísimo”.

Del uno al diez se pone un 10. Después, con el horno ya encendido, lo corrige sola: “bueno, ponle nueve”.

La mecánica es la de siempre —una hora, una receta que solo conoce la producción, tres comodines— pero hoy con una vuelta: son dos platos. Uno que ella ya sabe hacer “y que te ha llevado lejos”, y otro de la casa. El segundo termina quedando pendiente, y con eso la comprometen a volver.

La verdad del choripán

El plato que le ponen en la mesa son sus propios choripanes: masa de hojaldre y una tira de salchicha. Y la pregunta que atraviesa el capítulo llega de una vez: ¿los sabe hacer, o solo los compraba?

La respuesta es directa y no intenta suavizarse:

“No, yo los compraba.”

Los compraba en 35 centavos y los revendía. Era 2016, estaba en el colegio, hace diez años. Su molestia no es con el hecho, es con la lectura: “la gente nunca escuchó bien mi video”. Y con los videos hechos con IA que circularon después, donde aparecía haciendo unos choripanes gigantes que nunca existieron: “esos choripanes ni yo los hacía”. El argumento es de sentido común —nadie lleva al colegio un chorizo entero en un pan y lo vende a 35 centavos.

De paso cae el dato que explica el precio: el proveedor cortaba cada salchicha en cuatro. Esa era toda la economía del negocio.

Hay además una corrección técnica que el capítulo no deja pasar. Lo que ella vendía no es un choripán: es un pastel de chorizo. Se lo aceptan igual, pero queda dicho.

Hojaldre, salchicha y un solo secreto

Hace dos versiones. La que le gustaría comer, con la salchicha entera, y la de 35 centavos, flaquita y larga, con la salchicha en cuatro. “Así los vendía, eran flacuchentos así.”

El procedimiento es corto porque el plato es corto: se le quita el plástico a la salchicha —“yo no me voy a comer el plástico”—, se corta la masa de hojaldre en tiras, se envuelve en espiral, se pinta con huevo y al horno. Nada más.

Esa brevedad es el chiste del capítulo y también su conclusión. Cuando salen del horno y quedan bien, lo dice ella misma antes que nadie: “es que no hay mucha ciencia”. Y acto seguido, el único detalle que sí importó:

“Si no le hubiera puesto el huevo, no hubiese quedado así.”

El choripán de verdad

La segunda parte es el choripán como debe ser: pan, chorizo y chimichurri hecho a mano. Nunca lo había hecho. Nunca había hecho pan en su vida, dicho por ella: “nunca he hecho panes en mi vida, ahorita que me están jodiendo”.

Pica la cebolla, el ajo y el perejil sin soltar una lágrima —media cebolla adentro y nada, cosa que celebra— y liga el chimichurri. Al primer probado falta algo y se detecta por el olor antes que por el sabor: vinagre. Con vinagre, queda.

El pan va tostado en sartén con mantequilla, y el armado no se negocia: chorizo, chimichurri y mayonesa. Seco no. “A mí me gusta que esté jugosito.”

El chimichurri terminó siendo lo mejor de la mesa, y así se lo dijeron.

La cocina de casa

Lo de cocinar le viene de su mamá, y la clase fue pasiva: “si no vas a hacer nada, por lo menos siéntate ahí al lado mío y mira lo que estoy haciendo”. Le sirvió.

El problema no es cocinar, es lo que viene después: “odio lavar platos. Y nadie quiere lavarlos, entonces no cocino”. Hoy tiene a Mercy, que la ayuda en casa y a quien le manda las recetas por mensaje para que las haga al pie de la letra.

El resto de su carta, en orden:

  • Plato estrella: pasta con pollo al vino y crema de leche. Lo que hace cuando alguien le pide algo suyo.
  • Salado antes que dulce, sin discusión. Dos cucharadas de postre y ya.
  • Pollo, y solo pechuga. El muslo y la pierna no, por “esas cosas negritas”.
  • El truco heredado: aliñar el pollo con limón, que le lava ese sabor a pollo.
  • Picante: el de la sierra, el de cebolla con zanahoria rallada y tomate de árbol. Y un ají rojo que hay en todo restaurante y que huele espantoso, cuyo nombre nadie logró recordar en el set. La pregunta quedó abierta a los comentarios.
  • El único plato que le ha salido mal: un moro. No remojó la lenteja las veces que debía y salieron piedritas. Se lo comieron igual.

El carro, el dentista y los $4.000

La historia larga del capítulo empieza con una frase de su mamá: “cuando Diosito hizo la repartición, usted no hizo cola”. Así que ahorró para operarse.

Tenía $4.000 guardados cuando frenaron en seco en la Carlos Julio Arosemena y ella no alcanzó. El carro quedó sin trompa y le tocaba pagar todo. Contra quién chocó es la parte que hace la historia: contra el auto de su propio dentista, el que después le haría el diseño de sonrisa.

Él le cobró solo la mano de obra, $675. Y como ella estuvo pendiente todo el tiempo —cosa que, según él, no le pasaba nunca con quienes lo chocaban— terminó ofreciéndole el diseño de sonrisa cobrándole únicamente el material. La mitad.

La moraleja la pone ella: “chócate con un doctor”.

La cirugía llegó tres meses más tarde, y el día del programa tenía cita al día siguiente para cambiarse los implantes.

Coca-Cola, manga gástrica y hombres que comen poco

Una constante en su vida cotidiana: siempre le sirven la Coca Cero. Es flaquita, así que el mesero asume. La original, con harto hielo, es de ella. Y de ahí sale el plato que promete para otra ocasión: pollo a la Coca-Cola con arroz verde.

Su peor hábito, por si quedaba duda, es esa misma Coca-Cola todos los días. El segundo, no entrenar. Lo que quiere no es bajar sino hacer músculo, y el plan es el padel —que no le gusta, pero quiere aprender.

Se hizo la manga gástrica, así que come poco de una sentada y después le vuelve el hambre. Eso no le impide tener una opinión firme sobre la mesa ajena:

“Me cabrea que los hombres coman poquito.”

Para ella un date es ir a comer, y comer bien: cada uno pide su plato, se prueban, se comparten. El que llega y pide una ensalada, fuera. Y lo que sí es motivo de descarte inmediato: comer con la boca abierta.

La salida del concierto

La parte incómoda del capítulo la cuenta entera. Fue a la salida de un concierto de Arcángel. Estaba entrando con su grupo por un acceso lateral cuando una desconocida que esperaba en la fila le soltó, en voz alta, que ahí solo dejaban entrar prepagos.

Tenía la respuesta lista —y no era suave—, pero no la dijo. Se quedó callada por una razón muy concreta: había mucha gente atrás con teléfonos. “No, Wendy, no aguantas una funa más.”

Su amiga sí contestó. Después habló con el administrador, le contó lo que le acababan de decir, y a la mujer no la dejaron pasar. Cuando le preguntó de frente por qué había dicho eso, la respuesta fue un encogimiento de hombros.

Su posición es simple y la deja clara en dos frases: no lo hace, y aunque lo hiciera sería asunto suyo. “Uno no tiene que andarse metiendo en la vida de los demás.”

La noche se le arruinó, y le molesta reconocerlo.

De ahí vienen también las escenas de supermercado: la señora del Megamaxi que la miraba y volvía al teléfono, los codazos, los videos grabados a medias. Su respuesta es de las mejores del capítulo: “sí soy Wendy Landa. Parezco una muñequita, pero no soy de la mafia.” Y un pedido razonable: “avísenme, pues, para posarles”.

Lo que sí le dolió

No fueron las bromas de los amigos ni los memes. Cuando le preguntan si le afecta, contesta que ya no. Lo que sí le afectó fue otra cosa, y la dice despacio:

“Todo mi esfuerzo, todo lo que yo conseguí yo sola, lo hayan hecho como que si fuese solo esa parte, como si hubiera sido solo fácil.”

Antes de los choripanes y después de ellos hay una lista larga: maquillaje profesional, un curso de lifting de pestañas y laminado de cejas, manejo de redes para terceros. Dejó lo primero cuando empezó a ganar dinero de otra manera.

El veredicto

Los dos salieron bien. El pastel de chorizo quedó igualito al que vendía, y el choripán con chimichurri se defendió solo. El dictamen es doble: ya puede venderlos, y el mérito real fue el huevo.

Queda pendiente el segundo menú, ese que estuvo toda la hora ahí sin destaparse. La comprometieron en cámara y frente a toda la producción, así que vuelve.

El capítulo anterior es el de Doménica Menestini, donde el secreto estaba en el agua helada. Y el invitado que Wendy pidió para su hipotético programa ya pasó por esta cocina: es Steven Intriago.

¿Cómo se hace la receta de choripán y pastel de chorizo?

¿Qué se cocina en el capítulo 13 de Cocina vs Host?

Wendy Landa prepara choripán y pastel de chorizo junto a la host, con una receta que ninguna de las dos conocía de antemano.

¿Qué ingredientes lleva la receta de choripán y pastel de chorizo?

Masa de hojaldre; Salchichas de pollo (sin el plástico, que no se come); Huevo, para pintar la masa y sellarla; Pan para el choripán; Chorizo; Mantequilla, para tostar el pan; Mayonesa; Para el chimichurri: perejil, cebolla, ajo, aceite, vinagre y sal.

¿Cuál es el paso a paso de la receta de choripán y pastel de chorizo?

1. Quitarle el plástico a la salchicha. No se come, por mucho que digan. 2. Cortar la masa de hojaldre en tiras y envolver la salchicha en espiral. 3. Para la versión de 35 centavos: cortar cada salchicha en cuatro. Ese era todo el secreto del precio. 4. Pintar con huevo. Sin el huevo no queda igual: es lo único que hace la diferencia. 5. Al horno hasta que el hojaldre suba y dore. 6. Chimichurri: picar fino el perejil, la cebolla y el ajo, y ligar con aceite, sal y vinagre. El vinagre no es opcional. 7. Tostar el pan en sartén con mantequilla. 8. Armar el choripán: chorizo, chimichurri y mayonesa. Nunca seco.

¿Quién es el invitado del capítulo 13?

Wendy Landa, creadora de contenido y emprendedora.