De qué va el capítulo
Este capítulo tiene una premisa perfecta: la producción sacó fanesca y el invitado es Alex Vizuete, que a los tres minutos anuncia que él no come fanesca porque "la fanesca es malísima". Lo que sigue son veintiocho minutos de doce granos, un bacalao y una amistad de casi diez años usada como palanca para hacerlo comer.
Alex viene con oficio: enseña el truco para descorazonar un pimiento de un solo golpe, corrige el emplatado y da la clase de presentación que a este programa le hacía falta. También trae el mejor recurso cómico de la temporada: "yo soy de los pocos que no tengo historia triste" —le pagaron la carrera de actuación, lleva casi catorce años actuando y no hay lágrima que sacarle.
La conversación cubre mucho: cómo llegó a la final de MasterChef administrando el mínimo esfuerzo, si Mare cuenta o no como chica reality, su red flag culinario (la gente que reemplaza ingredientes, dedicado con cariño a su mamá), el ego de vivir de las redes, los influencers que llegan a los eventos y ni saludan, por qué dejó de cantar, y el consejo para las del colegio: no le hagan bullying al compañero no tan agraciado, que esos son los que las van a hacer felices.
Al final hay emplatado en serio, con líquido y grano por separado, huevo duro, maduro, aguacate y camarón frito aparte. Y pasa lo impensable: Alex come fanesca. "Nunca en su vida lo van a volver a ver".
El invitado que odia el plato
La producción sacó fanesca y le tocó al único invitado que la detesta. Alex Vizuete lo anuncia a los tres minutos, sin que nadie le pregunte: “yo no como fanesca, porque es malísima la fanesca”. Todo el capítulo se construye sobre eso.
Vienen casi diez años de amistad —Alex estuvo desde que Mare arrancó como actriz profesional en televisión— y eso se nota en el trato: se joden todo el rato y ninguno se ofende.
Doce granos y un bacalao
La lista es un examen: fréjol tierno, chocho, garbanzo, mote, arvejita, fréjol canario, choclo desgranado, fréjol blanco, fréjol rojo, lenteja, más zapallo, sambo, maní, leche, bacalao, maduro, huevo, aguacate y camarón opcional.
Alex trae oficio de verdad. Enseña el truco del pimiento —un golpe seco en la cabeza y sale todo el centro sin malograr nada—, corrige el ritmo de la cocina y más tarde da la clase de emplatado que al programa le hacía falta: grano escurrido primero, líquido después, pescado encima, huevo duro, maduro y aguacate, y el borde del plato limpio porque la presentación importa.
Lo único que no perdona es el camarón cocinado dentro: eso, según él, es “sopa de vieja pedorra”. Va frito y aparte.
Y hay un momento de verdad culinaria: prueban el grano a mitad de camino y está durísimo, “son piedritas”.
“Yo no tengo historia triste”
La conversación es lo mejor del episodio. Alex explica que él es de los pocos que no tiene historia triste: le pagaron la carrera de actuación, lleva casi catorce años actuando y no hay lágrima que sacarle por más que se la pidan.
Después: cómo llegó a la final de MasterChef administrando el mínimo esfuerzo cuando podía y el máximo cuando debía; el debate de si Mare cuenta o no como chica reality; su red flag culinario —la gente que reemplaza ingredientes, dedicado con cariño a su mamá—; el problema de ego de vivir de las redes y qué cambia el día que lo tomas como trabajo real; los influencers que llegan a los eventos y ni saludan; y por qué dejó de cantar, con una frase seca: “la industria musical en este país es para los que tienen plata”.
En el medio, el consejo del capítulo, dirigido a las del colegio: no le hagan bullying al compañero no tan agraciado, que esos son los que las van a hacer felices.
Alex come fanesca
El emplatado sale bonito. Y entonces pasa: Alex prueba y se la come. “Nunca en su vida habían visto a Alex Vizuete comer fanesca. No lo van a volver a ver”.