De qué va el capítulo
Este capítulo abre una etapa nueva del programa. Dina Muñoz se presenta desde cero —nutricionista, dueña de una marca de ropa deportiva, recién incursionando en la cocina— y explica la dinámica como si nadie la conociera. Como todavía no hay invitado, la invitada es ella: se entrevista a sí misma mientras cocina.
La receta sorpresa es corviches de camarón, y por una vez le tocó fácil: su mamá es manaba, de Paján, y ella creció comiéndolos. Es más, creció rallando el verde, porque en las casas manabas el que raya el verde siempre es el más pelado de todos. La producción lo ve venir desde el minuto tres y ya se declara perdedora.
El corazón del capítulo es un segmento nuevo de diez preguntas. Ahí sale que su primer plato fue arroz con atún, que su comodín cuando le da pereza es arroz con huevos revueltos, que no comería vísceras ni por un millón de dólares, y que sí, casi incendia su departamento en Estados Unidos —dejó una olla de agua de jamaica en la hornilla y se fue a hacerse las uñas; sonaron todas las alarmas del edificio y los vecinos tuvieron que entrar. También responde de oficio: por qué el huevo entero es un superalimento, por qué el desayuno es simplemente la comida que rompe el ayuno sin importar la hora, y por qué el ayuno intermitente es herramienta metabólica y no moda.
Y cuenta su carrera completa: Hooters, Calle 7 —donde ganó una temporada—, The Amazing Race con 45 días recorriendo Ecuador sin dinero ni celular y cinco gusanos de chontacuro comidos en cámara, el segmento de farándula del noticiero, y la publicación de Instagram con medio millón de seguidores que le costó el trabajo.
¿El resultado? Los corviches crujen. Diez de diez, según la única jueza disponible.
Etapa nueva, host nueva
El capítulo arranca como un reinicio: “Hola chicos, bienvenidos a Cocina vs Host. Mi nombre es Dina Muñoz y soy nutricionista”. Se presenta desde cero, explica la dinámica como si nadie hubiera visto nada antes y admite lo justo: sabe cocinar un poquito.
Como todavía no hay invitado, la invitada es ella. Y como el chef —el primer comodín— salió a darle de comer a los patos, quedan dos: la pastelera y la producción.
Corviches, y la carta que traía guardada
La receta sorpresa son corviches de camarón, ocho medianos, una hora de reloj. Y ahí la producción se da cuenta del error: la mamá de Dina es manaba, de Paján, y ella creció comiéndolos. Más todavía, creció rallándolos: en esas casas al que ponen a rayar el verde siempre es al más pelado, con el nudillo en riesgo permanente.
Al minuto tres ya hay una sentencia desde detrás de cámara: “ese nivel de cortar el verde no lo veíamos antes, así que vamos a perder”.
También hay clase gratis mientras pela: cómo sale la vena entera —“eso es lo que te intoxica”—, por qué hay que lavar los cuchillos entre proteína y proteína por contaminación cruzada, y el truco de una amiga argentina para no llorar con la cebolla: pedirle perdón antes de cortarla. Según ella, funciona.
Diez preguntas
El segmento nuevo del programa son diez preguntas, y es lo mejor del capítulo.
Salen las divertidas: su primer plato fue arroz con atún; su comodín de pereza es arroz con huevos revueltos; no comería escargots ni vísceras ni por un millón de dólares; metió aluminio al microondas en Estados Unidos y lo quemó; y casi incendia su edificio entero cuando dejó una olla de agua de jamaica en la hornilla y se fue a hacerse las uñas —que nunca toman media hora, toman dos—. Sonaron todas las alarmas y los vecinos tuvieron que entrar al departamento.
Y salen las de oficio, porque es nutricionista y se le nota:
- El huevo es un superalimento, entero y con yema. El problema nunca fue la yema.
- Desayuno significa romper el ayuno, así que es tu primera comida del día sin importar si son las 7 de la mañana o el mediodía.
- El ayuno intermitente es una herramienta metabólica con evidencia detrás, no una moda —pero hay que saber hacerlo, y no aprenderlo de quien lo cuenta a medias en redes.
- La remolacha es mejor entera que en jugo: el extractor le quita la fibra y te deja solo el azúcar libre. Lo mismo vale para cualquier fruta o vegetal.
- El matcha está sobrevalorado y sabe a tierra. Eso no es nutrición, es opinión.
De Hooters a los gusanos
La otra mitad es su historia. Empezó trabajando en el Hooters del Mall del Sol, de ahí una compañera la llevó a Calle 7, donde ganó una temporada. Después vino The Amazing Race: 45 días recorriendo Ecuador sin dinero, sin equipaje, sin saber dónde iba a dormir y sin celular. Ahí hizo downhill —“no lo volvería a hacer nunca”— y se comió cinco gusanos de chontacuro, que según ella saben exactamente a bloqueador solar, o a manteca de cerdo con coco. Masticó uno. Explotó. Los otros cuatro se los tragó enteros.
Después fue presentadora del segmento de farándula del noticiero, hasta la que ella misma llama su cagadota en televisión nacional: se enteró de que su novio le puso los cachos con una amiga, no le contestaron el teléfono, y lo publicó en Instagram frente a medio millón de seguidores. La botaron del noticiero al día siguiente. Tenía 24 años y hoy pediría disculpas.
Vinieron después la concesión de los bares de un gimnasio, una temporada viviendo en Estados Unidos, los programas de entrenamiento en línea y casi cinco años compitiendo en fisiculturismo.
El veredicto
Con nueve minutos en el reloj recién iban al aceite. Salieron igual. La prueba está en el audio: “escucha, escucha eso cómo cruje”. Diez de diez, según la única jueza disponible —que además era la cocinera.