De qué va el capítulo
Segundo capítulo y primer invitado hombre: Wilson Tituaña, actor de Enchufe.tv, entra a hacer una lasaña clásica en el formato de siempre —humor, caos y una receta que nadie pidió—.
Su método es una declaración de principios: nada de medidas exactas. Todo al ojímetro, incluida la bechamel, y la pasta unos siete minutos y listo. Contra todos los pronósticos sobre la técnica, la salsa no se le corta: la saca integrando crema de leche y mantequilla, y ese es el pequeño milagro del episodio. Lo que sí se le va de las manos es la consistencia —queda demasiado líquida— y ahí cae el comodín.
Entre capa y capa, la conversación. Wilson cuenta su cambio físico: pasó de 110 a 77 kilos por motivos de salud. Habla de sus diecisiete años de matrimonio, de anécdotas de su carrera como actor y de su trabajo en el INDOT, el instituto que se encarga de la donación y el trasplante de órganos en Ecuador.
La lasaña sale, se acompaña con un poco de arroz —porque sí— y hay degustación y agradecimientos. El cierre es el más serio de la temporada: aprovechando que Wilson está ahí, el capítulo termina invitando a la audiencia a registrarse como donante de órganos al momento de renovar la cédula.
El evangelio del ojímetro
Wilson Tituaña llega con una idea muy clara de cómo se cocina, y no es la del recetario: nada de medidas exactas. Al ojímetro. La bechamel, al ojímetro. La pasta, unos siete minutos y afuera. Es la primera vez en el programa que un invitado no pelea con la receta sino que directamente la ignora, y funciona.
La bechamel que no se cortó
Todo el capítulo se construye sobre la advertencia de que la bechamel es traicionera y que se va a cortar. No se corta. Wilson la saca entera, integrando crema de leche y mantequilla, y por un rato parece que este va a ser el primer episodio sin desastre.
Lo que no le sale es la consistencia: la salsa queda demasiado líquida, y ahí sí toca gastar un comodín.
De 110 a 77 kilos, y el INDOT
Con las manos ocupadas aparece la parte que no se ve en una entrevista normal. Wilson cuenta el cambio físico que hizo por motivos de salud —pasó de 110 a 77 kilos—, habla de sus diecisiete años de matrimonio y de las anécdotas que deja una carrera de actor.
También habla de su trabajo en el INDOT, el instituto encargado de la donación y el trasplante de órganos en Ecuador. Por eso el capítulo cierra distinto a los demás: después de la degustación y los agradecimientos, la última palabra es una invitación directa a registrarse como donante al momento de renovar la cédula.